Estar un poco roto y descocido es parte de la vida, jamàs volvemos a ser los mismos, y de hecho estar un poco a la perdida es parte inseparable de la capacidad de ser felices, de la primordial capacidad: la de vivir.
Yo creo que fue una cita conmigo mismo, no podía con el trabajo, con la familia, con mis amigos, con aquella persona que ya no esta, no podía ni con el alma rota ni con los pedazos de corazón .
No fui a otra cosa que por mi diploma de la ultima profesión que aprendí ( y que aseguro no sera la ultima que aprenda) , tenia todo el día para estar conmigo mismo para aislarme en medio de las millones de personas (cucarachas y ratas incluso que podemos parecer en ese monstruoso territorio) hundirme en la muchedumbre, perder personalidad y sensibilidad para que el proceso de auto sanación comenzara.
Yo creo que fue Loli, que fue Cerati, que fue Fito, que fue Dani, los que repararon mi corazón. Yo creo que fue Benito (Taibo) y que fue Riso, quienes curaron mi alma.
Re- Descubrí que un hombre de 26 años puede convertirse en un cerrar y abrir de ojos en un niño de seis, que enloquece con un helado de chocolate con galletas oreo y jarabe extra chocolatoso, que un hombre de 26 años aun tiene ese gusto del adolescente de 16 años que moría por las mismas hamburguesas de Chillis. Que un hombre de 26 años sigue amando con locura el Sprite y los Camel.
Que el hombre de 26 años sigue amando con locura el bienestar perruno, que el parque Rio de Janeiro me regalo nueve nuevos amigos perrunos hermosos, que me regalo palomas y pájaros cantores que parecían estar en habitat, y que me incomodo al ver a una pareja con corazones juntitos y amados, que me enseñaron a la vez que tener 70 y estar al lado de un tipo de 26 años con el corazón roto es también muy hermoso, que ese tipo llore al sentirse tan vivo, también es hermoso. Que ese hombre regrese esa misma noche a su pueblo blanco y regrese a su segunda casa (primera en nivel bohemio) sin la necesidad de ponerse hasta el culo de rones también es hermoso. Que tomar una tongolele de ron con un pequeño amigo y hermano es un regalo de Dios, que te atiendan amigos cantineros es un beneficio que no cualquier bohemio tiene. Que ese hombre de 26 años llegue a casa con unas ganas locas de abrazar a su jefa, como cuando lo hacia a los 4 años también es una parte hermosa de vivir.
No estoy bien, no estoy mal, la herida esta ahí, ni cicatrizada, pero estoy vivo, aun duele, y dolerá el tiempo que sea necesario, hay tantas cosas que quisiera decirle y saber, que quisiera abrazarle y besarla, que quisiera no haberla conocido jamas para nunca haber terminado así. Pero la bomba ya estallo, y no hay nada que hacer, rehacer lo caído, no suplirlo, construir de nuevo a mi mismo.
No fue que no me guste las noches bohemias, lo que pasa es que cuando los dolores son del alma y el corazón el alcohol sirve para idiotizar un poco la mente, y por unos momentos dejar de sentir y pensar, llegar a cama sin la necesidad de sentir tristeza ni melancolía, sin la necesidad de pensar millones de cosas que hice, que no hice, que pudieron ser, que pude haber reparado. Pero el mar de botellas se vuelve perdición si uno lo ve como una salida y no como lo que es: una aventura.
Si alguna vez lees esto, espero sepas que hablo de ti, que te ame ,te amo y te amare, que estoy roto y perdido , pero en paz porque así ya no te haré màs daño, porque así estas a salvo de nuestro amor, y que estemos bien ambos por separado, es por mucho, mejor que estemos masacrándonos juntos.
Con todo el cariño , con amor , con bendiciones y respeto te envió un beso en tu alma, un abrazo a tu corazón, un perdón a ti. Y un de nada a tu bienestar. Para ti Mariana.
Kevin
lunes, 6 de junio de 2016
martes, 1 de marzo de 2016
Mi madre, Leo y miércoles de ceniza
"¡Ganò el oscar Leo!... ¡Lo ganò!"
Ayer me recibía mi jefa con esa noticia, y no, mi madre no cometió el delito de celebrarlo como si fuera un triunfo patriótico, democrático, evolutivo o extravagante. Mucho menos se fue al ángel a emborracharse y tratar de celebrar por un ganador, que por mucho no tiene nada que ver con este enfermo país y piruja sociedad.
El hecho es que celebraba el triunfo de un actor, el cual era protagonista de la penúltima cita amorosa (no romántica) y cinefila que tuve con mi progenitora. Después de tenerse que chutar toda la franquicia Marvel y DC por capricho de su hijo menor, le hizo darse cuenta que "The Revenant" era una joya; de hecho, ha sido de las pocas películas en las cuales les ha prestado interés y no se ha quedado ligeramente dormida (no puedo presumir eso de la franquicia Marvel y DC, creo que mi jefa es de las pocas, poquísimas personas que le vale un cacahuate la guerra civil de el Cap y Stark) .
Esas citas de cine con mi jefa las inicie en mi amada segunda ciudad patria: Cuernavaca. Cada quince días mi jefa le iba a dar una vuelta a su mocoso para ver que no estuviera haciendo mucho desmadre y que no estuviera excesivamente encerrado, malnutrido y alcoholizado. Eran dos bellos días de visita, comíamos sushi en la plaza, y obviamente tocaba cine, yo amaba esas citas con mi mama porque podía invitarle completamente el cine, debido a mi recurrente buena administración económica, y le podía compensar con un poco de entretenimiento y convivencia todo el infinito amor que ella me entrega desde el primer instante de mi existencia.
Y no, no era una cita en la cual me sintiera ridículamente incomodo o pendejo, ni en la cual tuviera que soportar a una perfecta desconocida de la cual no recibiría nada mas que maltrato sentimental y desperdicio económico que culminaría con una pendeja y desgastada etiqueta de "ExNovios".
Sabia perfectamente que era la mujer de mi vida, la que me dio la vida, la que me ama borracho, sobrio, quemado, enojado, de buenas y de malas. La mujer a la cual le gusta y no le gusta reconocer que somos tan parecidos , orgullosos, tercos, dignos , necios que por cualquier cosa chocamos hermosamente en un amor intenso de una madre y un hijo.
Pasaron muchos, en serio, muchos meses para que esas citas se reanudaran, y "The Revenant" ha sido por mucho una de las veces màs memorables por el hecho de que le haya gustado la película a mi jefa. Cosa que no tiene porque desvalorarse ya que, como a cualquier madre, y mujer, tiene un gusto bastante riguroso, difícil y a veces imposible de satisfacer. En las citas es como si llevara a una bella dama que por azahares de la vida no pudo tener esas citas con su pareja. En cada cita es el turno de que , aunque sea por poco rato me convierta en un caballero y lleve a la dama màs hermosa e importante de mi vida a una cita de madre e hijo puntual y gustosa al cine.
Toda esta situación y esta temporada me hace recordar los seis años consecutivos de pasar el miércoles de ceniza en Cuernavaca al lado de mi jefa. Era una practica que se convirtió en ritual, que se quedo en mi corazón y en mi memoria, y espero que en la memoria de Dios antes de considerar mandarme al infierno. Amaba que me echaran esa ceniza en la catedral, adoraba ir de su brazo y quedarnos a la celebración eucarística, todo a su lado. Es el tercer año que pasa después de esos miércoles en Cuernavaca, daría mi vida por ver y sentir nitidamente de nueva cuenta esos días allá con mi jefa. Sin embargo la tengo acá a mi lado, estoy pensando en escribirle todo esto, no se si algún día lo lea, pero con tenerla acá me siento feliz, con escribirlo a escondidas, porque me da pena mostrar mis sentimientos, con eso basta. Con una jefa a toda madre como ella, con eso me basta y sobra.
Te quiero jefa.
Ayer me recibía mi jefa con esa noticia, y no, mi madre no cometió el delito de celebrarlo como si fuera un triunfo patriótico, democrático, evolutivo o extravagante. Mucho menos se fue al ángel a emborracharse y tratar de celebrar por un ganador, que por mucho no tiene nada que ver con este enfermo país y piruja sociedad.
El hecho es que celebraba el triunfo de un actor, el cual era protagonista de la penúltima cita amorosa (no romántica) y cinefila que tuve con mi progenitora. Después de tenerse que chutar toda la franquicia Marvel y DC por capricho de su hijo menor, le hizo darse cuenta que "The Revenant" era una joya; de hecho, ha sido de las pocas películas en las cuales les ha prestado interés y no se ha quedado ligeramente dormida (no puedo presumir eso de la franquicia Marvel y DC, creo que mi jefa es de las pocas, poquísimas personas que le vale un cacahuate la guerra civil de el Cap y Stark) .
Esas citas de cine con mi jefa las inicie en mi amada segunda ciudad patria: Cuernavaca. Cada quince días mi jefa le iba a dar una vuelta a su mocoso para ver que no estuviera haciendo mucho desmadre y que no estuviera excesivamente encerrado, malnutrido y alcoholizado. Eran dos bellos días de visita, comíamos sushi en la plaza, y obviamente tocaba cine, yo amaba esas citas con mi mama porque podía invitarle completamente el cine, debido a mi recurrente buena administración económica, y le podía compensar con un poco de entretenimiento y convivencia todo el infinito amor que ella me entrega desde el primer instante de mi existencia.
Y no, no era una cita en la cual me sintiera ridículamente incomodo o pendejo, ni en la cual tuviera que soportar a una perfecta desconocida de la cual no recibiría nada mas que maltrato sentimental y desperdicio económico que culminaría con una pendeja y desgastada etiqueta de "ExNovios".
Sabia perfectamente que era la mujer de mi vida, la que me dio la vida, la que me ama borracho, sobrio, quemado, enojado, de buenas y de malas. La mujer a la cual le gusta y no le gusta reconocer que somos tan parecidos , orgullosos, tercos, dignos , necios que por cualquier cosa chocamos hermosamente en un amor intenso de una madre y un hijo.
Pasaron muchos, en serio, muchos meses para que esas citas se reanudaran, y "The Revenant" ha sido por mucho una de las veces màs memorables por el hecho de que le haya gustado la película a mi jefa. Cosa que no tiene porque desvalorarse ya que, como a cualquier madre, y mujer, tiene un gusto bastante riguroso, difícil y a veces imposible de satisfacer. En las citas es como si llevara a una bella dama que por azahares de la vida no pudo tener esas citas con su pareja. En cada cita es el turno de que , aunque sea por poco rato me convierta en un caballero y lleve a la dama màs hermosa e importante de mi vida a una cita de madre e hijo puntual y gustosa al cine.
Toda esta situación y esta temporada me hace recordar los seis años consecutivos de pasar el miércoles de ceniza en Cuernavaca al lado de mi jefa. Era una practica que se convirtió en ritual, que se quedo en mi corazón y en mi memoria, y espero que en la memoria de Dios antes de considerar mandarme al infierno. Amaba que me echaran esa ceniza en la catedral, adoraba ir de su brazo y quedarnos a la celebración eucarística, todo a su lado. Es el tercer año que pasa después de esos miércoles en Cuernavaca, daría mi vida por ver y sentir nitidamente de nueva cuenta esos días allá con mi jefa. Sin embargo la tengo acá a mi lado, estoy pensando en escribirle todo esto, no se si algún día lo lea, pero con tenerla acá me siento feliz, con escribirlo a escondidas, porque me da pena mostrar mis sentimientos, con eso basta. Con una jefa a toda madre como ella, con eso me basta y sobra.
Te quiero jefa.
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