"¡Ganò el oscar Leo!... ¡Lo ganò!"
Ayer me recibía mi jefa con esa noticia, y no, mi madre no cometió el delito de celebrarlo como si fuera un triunfo patriótico, democrático, evolutivo o extravagante. Mucho menos se fue al ángel a emborracharse y tratar de celebrar por un ganador, que por mucho no tiene nada que ver con este enfermo país y piruja sociedad.
El hecho es que celebraba el triunfo de un actor, el cual era protagonista de la penúltima cita amorosa (no romántica) y cinefila que tuve con mi progenitora. Después de tenerse que chutar toda la franquicia Marvel y DC por capricho de su hijo menor, le hizo darse cuenta que "The Revenant" era una joya; de hecho, ha sido de las pocas películas en las cuales les ha prestado interés y no se ha quedado ligeramente dormida (no puedo presumir eso de la franquicia Marvel y DC, creo que mi jefa es de las pocas, poquísimas personas que le vale un cacahuate la guerra civil de el Cap y Stark) .
Esas citas de cine con mi jefa las inicie en mi amada segunda ciudad patria: Cuernavaca. Cada quince días mi jefa le iba a dar una vuelta a su mocoso para ver que no estuviera haciendo mucho desmadre y que no estuviera excesivamente encerrado, malnutrido y alcoholizado. Eran dos bellos días de visita, comíamos sushi en la plaza, y obviamente tocaba cine, yo amaba esas citas con mi mama porque podía invitarle completamente el cine, debido a mi recurrente buena administración económica, y le podía compensar con un poco de entretenimiento y convivencia todo el infinito amor que ella me entrega desde el primer instante de mi existencia.
Y no, no era una cita en la cual me sintiera ridículamente incomodo o pendejo, ni en la cual tuviera que soportar a una perfecta desconocida de la cual no recibiría nada mas que maltrato sentimental y desperdicio económico que culminaría con una pendeja y desgastada etiqueta de "ExNovios".
Sabia perfectamente que era la mujer de mi vida, la que me dio la vida, la que me ama borracho, sobrio, quemado, enojado, de buenas y de malas. La mujer a la cual le gusta y no le gusta reconocer que somos tan parecidos , orgullosos, tercos, dignos , necios que por cualquier cosa chocamos hermosamente en un amor intenso de una madre y un hijo.
Pasaron muchos, en serio, muchos meses para que esas citas se reanudaran, y "The Revenant" ha sido por mucho una de las veces màs memorables por el hecho de que le haya gustado la película a mi jefa. Cosa que no tiene porque desvalorarse ya que, como a cualquier madre, y mujer, tiene un gusto bastante riguroso, difícil y a veces imposible de satisfacer. En las citas es como si llevara a una bella dama que por azahares de la vida no pudo tener esas citas con su pareja. En cada cita es el turno de que , aunque sea por poco rato me convierta en un caballero y lleve a la dama màs hermosa e importante de mi vida a una cita de madre e hijo puntual y gustosa al cine.
Toda esta situación y esta temporada me hace recordar los seis años consecutivos de pasar el miércoles de ceniza en Cuernavaca al lado de mi jefa. Era una practica que se convirtió en ritual, que se quedo en mi corazón y en mi memoria, y espero que en la memoria de Dios antes de considerar mandarme al infierno. Amaba que me echaran esa ceniza en la catedral, adoraba ir de su brazo y quedarnos a la celebración eucarística, todo a su lado. Es el tercer año que pasa después de esos miércoles en Cuernavaca, daría mi vida por ver y sentir nitidamente de nueva cuenta esos días allá con mi jefa. Sin embargo la tengo acá a mi lado, estoy pensando en escribirle todo esto, no se si algún día lo lea, pero con tenerla acá me siento feliz, con escribirlo a escondidas, porque me da pena mostrar mis sentimientos, con eso basta. Con una jefa a toda madre como ella, con eso me basta y sobra.
Te quiero jefa.
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